El Pulso Laboral

Lunes 25 mayo 2015

02:30 pm

Columnas

HORAS EXTRAS

SEMANA DEL 25 AL 29 DE SEPTIEMBRE 

EL TERREMOTO QUE VIENE... 

Por Arturo Rivero 

Los millennials mexicanos fueron sometidos a la prueba más grande de su vida. Para sorpresa de todos, la aprobaron con creces. Mención honorífica.

Un minuto después de culminado el terremoto del 19 de septiembre, fueron los primeros en estar encima de los escombros. Como podían, quitaban piedras, varillas, tierra en busca de los enterrados.

Su liderazgo floreció.

Esos jóvenes “payasos, altaneros, comodinos, rebeldes”, se enlazaron uno con otro para trasladar pedazos de trozos de cemento.

El despertar de esta generación se dio en la punta de los escombros y de ahí emano a todos los rincones de este país.

Su actitud prendió a la sociedad.

Fue entonces cuando ricos y pobres, ejecutivos y obreros, mujeres de la alta y de la baja, se sumaron a este ejército para no dejar caer a este país tras terrible golpe recibido.

Los chavos se convirtieron por horas en agentes de tránsito, en paramédicos improvisados, en trabajadores de la construcción, en cargadores, empacadores, transportistas, en porristas…  su empuje fue una luz en medio de las tinieblas.

Un ejemplo: fueron los primeros en rescatar a los primeros niños del Colegio Enrique Rebsamen. Ahí están las escenas. Un chavo delgadito de 19 años, quien sin pensarla se clavó entre un resquicio del edificio derrumbado y pasaba desde el infierno a la luz, a niñas y niños atrapados en los escombros.

Pasaron las horas de su frenética aparición pública y llovieron los elogios. El Presidente Enrique Peña Nieto y su gabinete les aplaudían sin parar. Insuficiente.

Si algo tiene esta generación es que no se deja atrapar por el canto de las sirenas. Al contrario. Antes de este sismo ya cargaban agravios y enojos por ser poco valorados y considerados.

Un trágico suceso les permitió gritar desde lo más alto: “Aquí estamos”. El despertar comenzó.

Traen otro chip. No habían nacido en el terremoto de 1985. Los referentes de aquel horror la tienen por fotografías. Ahora, lo vivieron, sintieron.

La adversidad al extremo les llevó a demostrarse de los que son capaces.

La diferencia con aquellos jóvenes de 1985 es que éstos tienen en sus manos algo que la generación de los ochenta no tuvo: un chip digital, intelectual, de reacción, de pensamiento, de rebeldía, virtudes que unidas llevarán a esta Nación a otro estadio.

DE SALIDA AL CHECADOR

El baño de aplausos del poder hacia la juventud mexicana tras su liderazgo en este terror vivido parece ser una súplica de clemencia.

Las tragedias de un pueblo tienen irremediablemente un costo político. En voz baja y alta, en los pasillos gubernamentales maldicen la hora de estos sucesos trágicos, justo a poco menos de nueve meses de la elección presidencial.

Los millennials tienen cuentas pendientes por saldar. El 1 de julio saldrán de manera masiva tras saber de lo que son capaces. Las estructuras del poder se cimbran. Más de uno está muerto de miedo.

 

 

 

 

 

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