El Pulso Laboral

Lunes 25 mayo 2015

02:30 pm

Columnas

HORAS EXTRAS

SINDICALIZADO... EL PRIVILEGIO DE UNOS CUANTOS

 Por Arturo Rivero 

¿Quién no quiera ser un trabajador sindicalizado, que tire la primera piedra?...

Estoy seguro que la mayoría quisiera serlo porque sabe que una organización representará y velará su bienestar laboral y profesional…  ¿Quién dice no a ese beneficio?...

Más allá de los excesos y actos de corrupción de algunas dirigencias gremiales, que han salpicado y deteriorado al extremo su imagen, un sindicato es un verdadero bunker antisísmico que evita sufrir a sus agremiados los efectos de los cada vez más comunes movimientos violentos de la economía nacional.

Los agremiados viven lejos de las penumbras, de las zozobras, de las tragedias que desata un mercado laboral en México que ofrece empleos y salarios precarios; que tiene a millones en la informalidad y donde más de 27.7 millones no tienen acceso a los servicios de salud.

Por eso, si usted es uno de esos trabajadores sindicalizados, cuide su trabajo, échele ganas, porque cada vez son menos. Los están exterminando.

En 1990 la tasa de sindicalización de la Población Económicamente Activa (PEA) era de 14.1 por ciento. En 2017, la tasa es del 8.6 por ciento que equivale a 4.6 millones de personas sindicalizadas de los 54 millones que conforman la PEA.

Un trabajador sindicalizado goza de estabilidad en el empleo, prestaciones superiores a la ley, programas de crecimiento, y una serie de prerrogativas que a veces podrían calificarse de excesivas, pero desde la perspectiva del trabajador, son conquistas  ganadas.

La diferencia entre un trabajador sindicalizado y uno que no lo es, es significativa.

Ejemplos:

En promedio un agremiado puede disfrutar hasta 16 días de vacaciones a partir de su primer año laboral y sumar un día hasta llegar a 20 por años de antigüedad. En tanto, un trabajador de la iniciativa privada le corresponde 6 días de vacaciones en su primer año hasta alcanzar 12 dependiendo de su antigüedad.

En el rubro de aguinaldo, un sindicalizado puede alcanzar un ingreso de hasta 90 días, mientras que un empleado de empresa 15 días como mínimo y un poco más a voluntad del patrón.

Los bonos de productividad que obtiene un agremiado son generosos pudiendo llegar hasta 15 días de salario.  Además vales de despensa, créditos de vivienda, rentas, pasajes, préstamos de automóviles, becas para hijos, entre otros derechos.  

Mientras que un empleado común, en su mayoría, su registro en el IMSS para su servicio médico, aguinaldo, y si bien le va, un monto nada significativo de vales de despensa y hasta ahí. 

DE SALIDA AL CHECADOR…

Es común escuchar en la arena pública condenas hacia los trabajadores sindicalizados; es común calificarlos como una bola de haraganes, improductivos, un estorbo... ¿Por qué? ... Los trabajadores no son culpables de tener una dirigencia abusiva, ese es otro tema, que merece castigo. 

Pero no deberíamos mezclar una cosa con la otra. A veces parece que la envidia es muy grande. Al contrario, debería de servir como un referente para que los trabajadores se organicen y exijan se respete su derecho a la libre asociación. 

Es una lastima que los abusos de dirigencias gremiales, sumado con la actitud voraz de empresarios y la pasión desenfrenada del Gobierno por las variables económicas y no el bien social, dejen en la orfandad a millones de trabajadores de los beneficios de la contratación colectiva.

¿Ser trabajador sindicalizado  es un delito? Nunca lo será, es una dicha que muy pocos tienen, que deben valorar y cuidar con trabajo.

Porque, quien no lo es, en el día a día debe conformarse con lo que le da su patrón y sino le gusta, la puerta está muy grande para irse y pepenar, como muchos, un trabajo y salario digno, mañana, tarde y noche. 

 

 

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