El Pulso Laboral

Lunes 25 mayo 2015

02:30 pm

Columnas

HORAS EXTRAS

ACOSO Y ABUSO SEXUAL EN EMPRESAS

Mujeres: “alerta máxima”, alerta máxima”…. En los centros de trabajo pululan compañeros de trabajo y jefes sicópatas.  Sino toman precauciones, la siguiente víctima de acoso, abuso sexual o físico pueden ser ustedes.

En un año, 2 millones 786 mil 331 trabajadores reportaron ataques de este tipo en sus centros de trabajo, revela la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de Relaciones en los Hogares 2016 del INEGI.

Para dimensionarlo mejor: más de 7 mil mujeres fueron atacadas diariamente y 50 por ciento de los casos fueron abusos sexuales y físicos.

Un verdadero escándalo. El fracaso absoluto de las políticas laborales para proteger a la integridad de las mujeres, es evidente.

La mentada equidad de género es una burla, un pretexto para mamar presupuestos que vienen de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Cómo explicar que además de lo denunciado también prevalezcan en las oficinas de las empresas la intimidación sexual, hostigamiento y violencia como el jaloneo de cabello hacia ellas.

Cómo es posible que se tolere la impunidad de los autores intelectuales de estos abusos: compañeros de trabajo y patrones.

El sexo femenino no solamente sufre discriminación salarial y desarrollo laboral, son presas de los bajos instintos de algunos caballeros que las rodean en sus fuentes de trabajo.

Algunos argumentarán que ellas aprovechan sus encantos para mejorar posiciones y condiciones de trabajo. Cierto, en algunos casos, pero no es la generalidad y no justifica estas atrocidades laborales.

La mayoría de las mujeres que trabajan en México son prisioneras de la miseria laboral que caracterizan los empleos que tienen: bajos salarios, pocas prestaciones, o nulas.

La necesidad que tienen de trabajar para sacar adelante a la familia o para subsistir las vuelven en blancos de aquellos que ostentan el poder en puestos claves en las empresas.

La falta de acciones de las autoridades para frenar estas practicas en los trabajos incita a que empleados y empleadores saquen su lado sicópata.

Andrea trabajó en un corporativo en el WTC. Chica de 27 años, egresada de la carrera de Relaciones Internacionales de la Universidad Iberoamericana. 

Cometió el error de aceptar una promoción laboral de su jefe inmediato. Ella lo vio como un crecimiento profesional, él, el pretexto perfecto para convertir el favor en una deuda que solamente se podía saldar  "sexualmente". 

La acoso día y tarde en el centro de trabajo. El ejecutivo pidió saldar el adeudo. Ella denunció. No le creyeron. El asedió aumentó en el trabajo, en llamadas, haciendo presencia en su hogar, hasta que un mal día el obsesionado ejecutivo quiso abusar de ella en una oficina del corporativo. 

Volvió a denunciar. No le creyeron. La acusaron de ser provocativa. No tuvo otra que irse de su trabajo, lastimada, decepcionada, ultrajada. Perdió el empleo, confianza... su tranquilidad. 

DE SALIDA AL CHECADOR

A las mujeres no les queda otra más que estar en máxima alerta y aprender a decir no, cuando es no.

Los jefes “buenas ondas” no existen. Las oportunidades laborales o mejoras salariales que salen de la “nada” son auténticas trampas.

Son pases a un infierno donde para escapar de las llamas el único camino es la renuncia.  En estas historias, la mujer siempre pierde.

 

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