El Pulso Laboral

Lunes 25 mayo 2015

02:30 pm

Columnas

HORAS EXTRAS

MEADE NO MERECE ESTA HUMILLACIÓN; SE EQUIVOCÓ

Arturo Rivero 

Tuve la oportunidad de conocer de cerca  a José Antonio Meade Kuribreña candidato a la Presidencia por la alianza (PRI_PVEM-PANAL) en su etapa de Secretario de Hacienda en el tiempo de Felipe Calderón, como reportero de la fuente de Hacienda para el periódico Reforma. 

Su principal virtud, ser cercano y afable con su entorno a pesar de la gran encomienda de ser el responsable de las finanzas públicas del país. 

Recuerdo que, antes de iniciar una conferencia de prensa en las oficinas de Hacienda, en Palacio Nacional, Meade solía pasearse entre los reporteros para saludarlos sin el operativo clásico que distingue la llegada de un funcionario a un encuentro con los periodistas. 

Al ahora candidato a la Presidencia de la República lo recuerdo caminando como uno más en los famosos Consejos Editoriales de Reforma. Durante tres meses se sentaba y departía el pan y la sal en la mesa con los invitados a esa vivencia editorial.

Tratar a Meade era hacerlo con un buen hombre. Muy inteligente, justo en el trato, dispuesto siempre a responder preguntas incómodas y listo en todo momento para girar instrucciones de allegar al reportero los datos exactos solicitados en una investigación periodística en curso. Jamás bloqueó ninguna publicación. 

En mis cinco años de cubrir la fuente de Hacienda una imagen quedó grabada en mi mente por lo absolutamente inusual: en una entrevista pactada con su servidor y él en sus oficinas de Palacio Nacional, mientras me encontraba en la sala de espera, salió de su oficina de la mano de uno de sus hijos. 

Hizo la presentación de cortesía. Pasamos a su privado y pidió a su hijo esperarlo en la sala de espera. Sin pregunta de por medio me dijo: "Ser funcionario es un alto honor, ser padre es una experiencia única"... Sonreímos. Confirmé que Meade era un servidor público distinto, muy capaz, con varios laureles encima, pero mejor persona. 

Cinco veces Secretario de Estado en distintos Gobiernos, panista y priista. Su aspiración legítima y humana de querer ser Presidente de la República lo nubló y aceptó una candidatura que jamás debió asumir. 

DE SALIDA AL CHECADOR 

Meade es uno de los mejores economistas del país, sino es que el mejor. En toda su vida profesional ha nadado entre fórmulas, números y más números.

Lo suyo no es la política;  no es el debate; no es mover masas o despertar emociones; no es ser tapadera de nadie, sin embargo, su deseo de servir a México lo colocó en una posición que no merece, porque sobre su persona e imagen profesional comienzan a caer todas las maldiciones, que siendo sinceros, no le corresponden. 

Ahora, hasta los que representa, lo niegan y  culpan de la derrota electoral que se avecina; caída que con Meade o sin Meade estaba garantizada desde antes porque el PRI no tienen límites en el ejercicio indebido del poder. 

José Antonio Meade no merece esta humillación pública. Se equivocó en aceptar. El PRI no ganará la Presidencia.   

 

 

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