El Pulso Laboral

Lunes 25 mayo 2015

02:30 pm

Columnas

HORAS EXTRAS

EMPRESARIOS EGOISTAS 

Por Arturo Rivero 

No eres tú (trabajador) , soy yo (empresario) 

Los empresarios más poderosos del país están enloquecidos de “angustia”.

Desde su púlpito de la purificaciónseñalan cuál es el camino del bien y cuál es el camino del mal a unas semanas de las elecciones presidenciales.

En inusitada reacción, los hombres más adinerados lanzan por cielo, mar y tierra, todo tipo de profecías, si gana uno de los candidatos a la Presidencia de la República.

¿De cuándo acá les preocupa tanto el bienestar de sus empleados y el de los trabajadores en general? …. No, eso no es la razón que mueve su reacción.  

Estos hombres comprometidos  con el país al apostar sus inversiones y como consecuencia, generar miles de fuentes de trabajo, ven serios riesgos de perder los privilegios gozados por décadas, otorgados por gobiernos priistas y panistas.

No eres tú (trabajador), soy yo (empresario), lo que verdaderamente ocupa y preocupa a quienes se acostumbraron a hablarse de tu con el poder y hasta compartir el “poder”. 

DE SALIDA AL CHECADOR

Soy de los que no cree en la políticas populistas. Sin embargo, es una muy mala señal que los dueños de compañías relevantes asuman esta actitud de inhibir el voto a través de crear miedo en sus subordinados. No es el camino. 

Están en su derecho de cuidar sus intereses, pero no a través de desfiguros.

Si quieren hacer frente al que todo indica triunfará, deben bajar de su pedestal y armar  estrategias, que es lo suyo, para blindarse y proteger a los trabajadores encontrando canales de diálogo, con quien no más no pueden ver ni en pintura.

El egoísmo empresarial por un lado,  y la acusación constante del otro lado: “son parte de la mafia del poder”, nos condenan a los peores escenarios. 

La confrontación  terminará en tragedia nacional.

Es hora de aceptar lo que parece inevitable. Es hora de la negociación. 

Si de buscar culpables se trata, los poderosos empresarios saben dónde se encuentran.

A ellos, los más sentidos reclamos por su insaciable abuso del poder. Lo que viene es gracias a su descaro de servirse sin parar. De nadie más.

 

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