El Pulso Laboral

Lunes 25 mayo 2015

02:30 pm

Columnas

Baja consumo de refrescos

A dos años del impuesto México ha bajado del primer lugar en consumo al cuarto. Hoy países como Chile, Argentina y EUA consumen más refresco que México.

El diseño de políticas regulatorias para modificar el entorno obesogénico cobran gran importancia. Estrategias como el impuesto al refresco que en su momento fueron muy controversiales, hoy han mostrado que México puede ser creativo para buscar soluciones de gran escala a estos problemas.

Un programa de investigación detallado que comenzó hace más de 10 años en el Instituto Nacional de Salud Pública, permitió documentar la fuerte tendencia de consumo de bebidas azucaradas y su asociación con la tendencia de obesidad, diabetes y problemas cardiovasculares.

Al mismo tiempo, diversos esfuerzos para mejorar la disponibilidad de agua está en curso alrededor de todo el país.

Aproximadamente dos terceras partes de los 57 millones de muertes alrededor del mundo cada año se deben a enfermedades crónicas no transmisibles, principalmente enfermedad cardiovascular y diabetes las cuales a su vez tienen una serie de factores de riesgo que se traslapan entre los que destaca de manera importante la calidad de la dieta y la actividad física.

En las últimas décadas el país experimentó un cambio importante en el sistema alimentario que transformó la dieta de los habitantes. Los alimentos procesados tuvieron un crecimiento importante; el precio disminuyó al mismo tiempo que aumento la disponibilidad de los mismos y el poder adquisitivo de la población.

En sólo tres décadas la principal fuente de abastecimiento para la mayor parte de los Mexicanos migró de mercados tradicionales a supermercados en los cuales las bebidas azucaradas y los alimentos altos en azúcar, grasa y sodio son omnipresentes.

Esto trajo como consecuencia un aumento sorpresivo de la obesidad, diabetes y enfermedad cardiovascular que nos ubica como uno de los países con mayor carga de enfermedad por obesidad, diabetes, hipertensión y dislipidemias.

Si bien, los sistemas de atención de la salud tienen una gran tarea por delante dentro de la cual se han identificado muchas oportunidades de mejorar (por ejemplo incrementando el porcentaje de población con diagnóstico oportuno de enfermedades crónicas, implementando tratamientos integrales y de calidad y fomentando la adherencia), es importante reconocer que sólo con estrategias multisectoriales e integrales se logrará abatir la incidencia de estos padecimientos y su carga al sistema de salud y al desarrollo del país.

Otro esfuerzo meritorios son el de regulación de la comida chatarra y bebidas azucaradas en las escuelas que inició hace cinco años, aunque existe un reto importante en la implementación y otros aspectos como la problemática de comida chatarra alrededor de las escuelas.

Finalmente, dos grandes retos fundamentales para mejorar el entorno obesogenico son un etiquetado adecuado e informativo que permita a la población tomar decisiones saludables respecto a los alimentos que consume y regulación efectiva de la publicidad de comida chatarra y bebidas dirigidas a niños. En los próximos años es fundamental lograr progreso en esos componentes.

Asimismo, es necesario incrementar el número de espacios para práctica de actividad física, fomentar el transporte activo y reducción del sedentarismo. Si bien el panorama actual es complicado, la evidencia científica nos permite vislumbrar un futuro optimista ya que las causas de estas enfermedades son conocidas y cada vez mejor comprendidas, siendo una cuestión de voluntad y coordinación lograr acciones integrales lo antes posible.