El Pulso Laboral

Lunes 25 mayo 2015

02:30 pm

Columnas

CTM Y CROM impulsan charrismo

En Bogotá, Colombia, se constituirá la Alternativa Democrática Sindical de las Américas (ADS), un intento de división en la organización continental que actualmente representa a los gremios sindicales más importantes y representativos de toda América: La Confederación Sindical de las Américas (CSA).

Los impulsores de esta iniciativa son las centrales mexicanas: Confederación de Trabajadores de México (CTM) y Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC).

Durante mucho tiempo, el sindicalismo ha dejado de ser noticia en nuestro país por varias razones: en primer lugar, porque la mayoría de los sindicatos han tenido mala fama entre la población por su grado de sumisión a los gobiernos y a los empresarios; en segundo, por su falta de democracia y alto grado de corrupción que se hace evidente en el alto nivel de vida de sus dirigentes, y finalmente, por su lejanía con sus representados y su permanente relección.

El Estado mexicano ha mantenido una política deliberada de ocultamiento de la deplorable situación laboral frente al exterior. La estrategia compartida con el gobierno, por parte de las centrales sindicales, ha sido ostentar credenciales democráticas en el plano internacional en clara contradicción con la realidad interna.

Las pocas referencias respecto al sindicalismo internacional en nuestro país, derivaban de la afiliación de la CTM a la Organización Regional Interamericana de Trabajadores (ORIT), que tenía sus oficinas en México y su representante aparecía repentinamente en algunos actos oficiales. Nada más.

Con motivo de la firma e inicio del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1994, se empezó a conocer la realidad sindical mexicana; para el gobierno y la CTM fue imposible desde entonces mantener la opacidad.

En este proceso se crearon nuevas relaciones entre el sindicalismo de los países miembros del tratado con gremios democráticos y organizaciones civiles que navegaban contra la corriente. En el ámbito mundial, hace 10 años, para responder a los complejos retos de la globalización se dio un proceso unitario del sindicalismo.

Así nació la Central Sindical Internacional (CSI), con 166 millones de afiliados de 156 países, al fusionarse dos centrales de ideologías social-demócrata y social-cristiana, que tenían las siglas CIOLS y CMT. Su primer dirigente fue Guy Ryder, hoy director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT); al término de su gestión éste fue relevado por una prestigiada dirigente del sindicalismo australiano, Sharon Burrow.

El proceso de unificación sindical mundial se concretó a escala del continente americano con la formación de su filial, la Confederación Sindical de las Américas (CSA), fundada en la ciudad de Panamá, afiliando a 56 organizaciones nacionales de 23 países que representan a 60 millones de trabajadores.

Desde su nacimiento, la CSA desplegó una agenda más activa y un nuevo protagonismo en favor de las y los trabajadores de la región, incluyendo en su seno a poderosas organizaciones como la AFLCIO estadunidense, la CLC canadiense, la CUT brasileña y la CGT argentina. De México participaron en su fundación, la CTM, la CROC y a pesar de la fuerte oposición de ambas, la Unión Nacional de Trabajadores, como representante del sindicalismo alternativo en nuestro país.

La CTM y la CROC nunca estuvieron cómodos dentro de la CSA, entre otras cuestiones, por su agenda progresista y porque día a día se fue conociendo el papel real que han jugado en el sindicalismo mexicano, sus profundos vicios y simulaciones y en particular, su práctica de firmar contratos colectivos de trabajo a espaldas de los trabajadores, los conocidos contratos de protección patronal que han recibido la condena dentro y fuera de nuestro país.

Cada reunión internacional era un trago amargo para ellos porque querían mantener la vieja política de opacidad, para que la comunidad internacional no se enterara de la situación de los trabajadores, reflejada en los salarios más bajos de la región y la terrible realidad de que tan sólo un trabajador de cada 100 forme parte de un sindicato auténtico.

La CTM y la CROC junto con otras organizaciones minoritarias en sus países, la brasileña Forza Sindical, la colombiana Confederación General de Trabajadores y otros gremios más pequeños, aprovecharon una controversia interna dentro de la Central Americana para planear su salida.

La oportunidad se presentó hace un año, en el tercer congreso de esta central en Sao Paulo, Brasil, la excusa fue una discusión burocrática sobre la composición de los órganos de gobierno y del secretariado, aunque en el fondo fue la inconformidad por la agenda de la CSA, que ha superado viejos atavismos, ampliando su influencia internacional de la mano de la CSI y de los sindicatos globales, que organizados por rama de industria, han logrado un nuevo impulso a la fuerza de los asalariados en el mundo, entre ellos, la Industriall Global Union, UNI Global Union y la ISP que agrupa a los servidores públicos.

Basta observar en México las heroicas luchas del sindicato minero acompañadas por los Steelworkers de EU y Canadá.

Después de un alegato propio de los tiempos de la guerra fría, en el que acusan de izquierdistas e incluso de marxistas a los miembros de la CSA, Ariel Peña un defensor de la nueva central, presenta un argumento de antología "... no se pueden constituir en jueces de la CTM que también se convertirá en fundadora de la ADS, porque si esa organización sindical que es la más representativa del país azteca, y de acuerdo a las condiciones laborales de México ha promovido los contratos de promoción patronal, ello es producto de las circunstancias objetivas del mercado laboral para evitar el aumento del desempleo lo que realiza la CTM con los contratos de promoción patronal también se podría llamar como cogestión". Sin comentarios. La división normalmente debilita a una organización, en este caso quizá la fortalezca.

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