El Pulso Laboral

Lunes 25 mayo 2015

02:30 pm

Líderes

El fracaso del Director General

Por Arturo Rivero 

Cuenta Daniel Goleman, gurú empresarial que después de una de sus afamadas conferencias sobre inteligencia emocional, el Director General de una empresa, una de las más importantes de su sector, le confesó que en lugar de ascender a su jefe de contabilidad, el cual llevaba muchos años trabajando en la compañía, acabó despidiéndolo.

“Tenía un talento extraordinario”, le dijo el capitán de empresa, era intelectualmente brillante y poseía una mente muy incisiva, un auténtico mago con los números, recuerda Goleman en su libro “La Práctica de la Inteligencia Emocional”.

Pero a pesar de todo ello, le explicó el Directivo, hubiera sido un pésimo jefe, porque no era una persona agradable;  solía mostrarse brusco y desconsiderado. En la interacción con los grupos se mostraba torpe, carecía de toda sensibilidad e incluso adolecía de toda vida social. Era, en suma, una persona unidimensional, razón por la cual lo corrió.

Goleman explica que la diferencia entre los directivos que triunfan y fracasan, gira en torno al autocontrol, responsabilidad, fidelidad y habilidades sociales que se posean, a las que define como competencias emocionales.

“En cuanto al autocontrol, los jefes que fracasan soportan mal la presión y tienden al mal humor y ataques de cólera. El ejecutivo con éxito no pierde el equilibrio durante las situaciones tensas, sino que aun en medio de la crisis mantiene la serenidad, confianza y responsabilidad”, señala.

Goleman detalla la importancia de la responsabilidad.

Dice que el grupo de los fracasados reacciona defensivamente ante los errores y críticas, negándolas, encubriéndolas o descargando su responsabilidad sobre otras personas. Los triunfadores asumen sus responsabilidad, admiten sus posibilidades fallos y errores, solucionan los problemas y siguen adelante sin dar más vuelta a lo ocurrido”, describe.

El gurú empresarial destaca el tercer componente de las competencias emocionales que es la fidelidad.

Argumenta que los errores suelen estar ligados al exceso de ambición, al deseo de seguir adelante a expensas de los demás. Los directivos que triunfan más, muestran por el contrario, un profundo interés por las necesidades de sus subordinados y colegas y por las exigencias concretas de la tarea que estén llevando a cabo y conceden a todo ello más importancia que el hecho de tratar de impresionar a toda costa a su propio jefe.

Finalmente, resalta el valor de contar con habilidades sociales.

Los líderes que fracasan, asegura, son poco empáticos y sensibles,  exhiben un exceso de arrogancia, agresividad o prepotencia hacia sus subordinados. Los directivos exitosos son empáticos y sensibles,  considerados y respetuosos con sus superiores y subordinados”, concluye.

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