El Pulso Laboral

Lunes 25 mayo 2015

02:30 pm

Recursos Humanos

Anímate a cambiar de trabajo

Por: Adriana Rodríguez

Una de las decisiones más difíciles a las que nos enfrentamos los adultos tiene que ver con dejar nuestro trabajo, asegura Marcela Castro, investigadora de la Universidad Iberoamericana.

“Esta idea puede surgir por múltiples razones, desde desacuerdos con jefes o compañeros, falta de perspectivas de desarrollo o búsqueda de nuevas oportunidades. Antes de decidirse a dejar un empleo, es necesario hacer una evaluación de la situación: ¿el deseo de renunciar es algo impulsivo, relacionado a un problema específico, o más bien tiene que ver con variables acumuladas a lo largo de mucho tiempo?”, cuestionó.

Por supuesto, dado que en promedio pasamos 48 horas a la semana en nuestro trabajo, resulta lógico buscar que este tiempo sea lo más satisfactorio posible, pero esto no significa que cada minuto de nuestra vida laboral deba o pueda ser maravilloso, pues todo trabajo tiene pros y contras, mismos que hay que explorar detalladamente antes de decidirse a buscar nuevas oportunidades.

Hay miles de posibles razones por las que una persona puede pensar en renunciar a su empleo, a las que además cada uno dará distinto peso. Dentro de estas, hay algunas que pueden considerarse como “universalmente válidas” pero que, aún así, deben ser analizadas desde distintas perspectivas:

Tu empleo te enferma: en sentido literal, tu trabajo te tiene tan agobiado que te produce dolores de cabeza, gastritis o insomnio. Aunque suena muy lógico afirmar que “la salud es primero”, esto no es tan simple como suena, pues antes de acusar al trabajo de estar destruyendo tu salud, necesitas hacer el ejercicio de introspección necesario para entender si es el trabajo en sí lo que te daña o tu manera de vivirlo e interpretarlo, es decir, qué parte de la enfermedad la produce tu empleo, con todas sus características, y qué partes tienen más que ver con tus propios procesos mentales, expectativas y anhelos.

En resumen, debes plantearte seriamente si en otro lugar de trabajo no te terminarías sintiendo igual de presionado – y por lo tanto igual de enfermo- que en el que estás actualmente.

Te sientes al margen: Por alguna razón, tu jefe ha tomado varias de tus responsabilidades o las ha asignado a alguien más; tú eres tratado como si fueras invisible y no se te involucra en las decisiones importantes.

En este caso, lo primero es evaluar qué es lo que te ha hecho sentir así, qué casos concretos, qué situaciones específicas. Una vez que tengas claro esto, habla con tu jefe para tratar de entender qué es lo que está pasando, dale ejemplos claros. Tal vez descubras que no pasa nada, tal vez que en efecto, por alguna razón, se está buscando mantenerte al margen. De cualquier forma, no puedes tomar ninguna decisión hasta estar seguro de entender lo mejor posible qué es lo que está pasando y por qué.

Has superado a tu puesto: Cuando empezaste tenías poca experiencia, y ahora pareces tener mucha más que la que el puesto te requiere. Esto te lleva a una constante frustración, a una sensación de aburrimiento, que justifica las ganas de buscar un nuevo lugar, donde puedas explotar tus capacidades.

Lo primero es hacer un ejercicio de humildad y analizar si las razones del aburrimiento sí están vinculadas con que el puesto “te queda chico”, o si más bien tienen que ver con algún otro factor. Y, una vez más, lo primero sería hablar con tu jefe y explicarle tu sensación, pues es posible que no te hayan dado más responsabilidades porque pensaban que tenías “las manos llenas”. Si en tu lugar de trabajo no hay posibilidades de desarrollo, tal vez sí sea momento de buscar otras opciones.

 

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