El Pulso Laboral

Lunes 25 mayo 2015

02:30 pm

Recursos Humanos

¿El traje es cosa del pasado?

Por: Adriana Rodríguez

En los últimos tiempos se nota que usar traje para ir a trabajar ha dejado de ser una obligación. Hoy en día la cantidad de pantalones color "caqui" de gabardina superan, ampliamente, a los sacos y corbatas.

Ante este cambio de usos y costumbres dentro del mundo laboral (a nivel mundial) no faltan opositores. Muchos de ellos suelen ser hombres mayores. Como son anteriores a la tendencia "vestir de sport" están convencidos que calzarse un saco es el máximo símbolo de buena presencia y seriedad. Dos factores que sin lugar a dudas resultan esenciales a la hora de trabajar.

Sofía Castro, especialista en diseño y tendencias de moda, explicó el acto de vestir no responde únicamente a la necesidad física de protegerse del clima o a evitar que nos metan presos por exhibicionismo, es una tarea cotidiana que carga con un enorme valor subjetivo. Un factor que influye tanto en la mirada de los otros como en nuestro estado de ánimo.

“Analizar la influencia de la manera de vestir en el desenvolvimiento de un individuo en la sociedad es una tarea ardua y muy extensa, habría que escribir no un libro sino varios tomos. Ahora, lo que sí podemos hacer es cuestionar si llevar traje sigue demostrando seriedad y presencia o ya se ha dejado de lado”, dijo.

En el caso de la gente mayor (superando los 60 años) se escucha mucho decir que la "desfachatez" en las formas de vestir es un reflejo de la sociedad actual.

Para profesionales de entre 40 y 60 años, la mayoría coincide en que este proceso fue lento, primero se comenzó con los "cassual friday´s" y de a poco se sumaron los días en que no había reuniones y que se trabajaba sin salir de la oficina.

A su vez, se notó una fuerte influencia de empresas norteamericanas que desde los sectores de Recursos Humanos promovían la nueva vestimenta. Buscando distender un poco el ambiente de trabajo y brindarle al cliente una imagen más "amigable". Son muy pocos los que creen que el traje se ha quedado en el pasado y en general concuerdan que hay situaciones en las que sí o sí el hombre debe presentarse de etiqueta.

Acercándome cada vez más a la juventud, 30 a 40 años, las posturas se vuelven más efusivas. Hay quienes aseguran que jamás se pondrían un traje ni para ver clientes o asistir a reuniones.

Sienten que el traje los apresa y el nudo de la corbata los ahoga. Por otro lado, hay quienes sostienen que vestir siempre igual simplifica las cosas sobre todo cuando hay que volar para el trabajo.

Ponerse la camisa adentro del pantalón, abrochar el botón del cuello y ajustarse la corbata se convierte en una rutina tan mecánica que les saca un problema de encima. A diferencia de la generación que los antecede ellos establecen una categorización en la imagen según el rubro en donde el individuo trabaja.

Cada día toma más fuerza la noción de que un ambiente de trabajo sano se consolida gracias al vínculo entre empleador y empleado, siempre y cuando esté sostenido por el diálogo e intercambio de ideas.

 

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