El Pulso Laboral

Lunes 25 mayo 2015

02:30 pm

Seguridad Social y Salud

Homicidios roban esperanza de vida igual que diabetes

Por: Adriana Rodríguez

El homicidio tiene en México un peso similar a la diabetes en cuanto a la pérdida de años de esperanza de vida, principalmente entre los hombres, dijo el académico de la Universidad de Guadalajara Guillermo González Pérez.

En su investigación “Violencia homicida y esperanza de vida en México”, el docente encontró que el promedio actual de esperanza de vida de los hombres mexicanos, que es alrededor de los 73 años, se está reduciendo en 0.84 años por homicidio; cifra casi igual a 0.85 por diabetes, la principal causa de muerte en nuestro país.

Los hombres de 15 a 45 años tienen la mayor mortalidad por homicidio, que representa una pérdida de dos años en la esperanza de vida al nacer en los estados de Durango, Sinaloa y Guerrero; número que se eleva a cinco años en Chihuahua, donde el promedio de vida para el género masculino se ha vuelto menor al que se tenía hace 15 años.

Desde un punto de vista geográfico, mencionó que en prácticamente todas las entidades ubicadas en la vertiente del Pacífico -Sierra Madre Occidental-, como Sinaloa, Nayarit, Michoacán, Guerrero, Sonora y Baja California, donde la orografía propicia el cultivo de marihuana y amapola, los homicidios alcanzan niveles altos.

Sin embargo, aclaró que no necesariamente están vinculadas al crimen organizado las víctimas de homicidio, sino que éste mejor dicho se presenta por una combinación de factores: pobreza, marginación, impunidad en el funcionamiento del sistema judicial e incluso la violencia interpersonal en las relaciones de pareja, con los amigos y con desconocidos en disputas y conflictos por hechos intrascendentes que en una sociedad violenta como la nuestra se solucionan hiriendo o matando al otro.

El investigador de la UDG propone que el homicidio es un problema que debe atenderse no sólo desde una perspectiva de la seguridad pública, sino también con estrategias de prevención.

“Cabría establecer reglas más claras en la posesión y uso de armas de fuego, pero sobre todo promover la convivencia pacífica mediante la educación en las escuelas y dentro de la familia, lo que al final se podría traducir en un impacto positivo en la esperanza de vida”, propuso.

 

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